Miró el esmalte saltado con más vergüenza que bronca y se lo
escondió a sí misma dando vuelta la mano. Eso no era lo importante.
Vio el cigarrillo, vio la seda con la marca impresa...
"Marlboro"... Recordó cuando a los catorce años decidió fumar uno por
primera vez. Toda la vida le habían parecido demasiado grandes en su mano, y sin
embargo -pensaba- se consumían tan rápido. Pensaba. Se lo llevó a la boca y tuvo un
momento de duda. Si ese era el último... ¿Qué iba a hacer sin su compañía, qué iba a pasar cuando
tuviera que matar el tiempo esperando a alguien en la puerta de la facultad?, o ¿cómo se
las iba a arreglar para calmar el neviosismo cuando estudiara?
Apretó el filtro entre sus labios y trató de consolarse pensando
con la mirada perdida "por lo menos los chupetines puedo morderlos".
Un consuelo idiota... pero fue el primero que se le ocurrió.
Evitó el viento con una mano y con la otra manejó el encendedor. Intentó una, dos veces... nada. Entonces entendió que no iba a tener que lidiar con eso
de perder uno por semana, de que no iba a tener que parar en los quioscos a pedir fuego y se alegró. Un poco se alegró. Lo sacudió y volvió a
probar, una, dos veces... nada. Sonrió mirando un poco a la nada, volvió a sacudirlo, con más fuerza, pensando donde había dejado los fósforos y que no tenía ganas de ir a buscarlos. Recordó cómo odiaba prender el pucho
en la hornalla antes de intentar nuevamente... una, dos... tres... en el
cuarto intento la llama apareció y casi pudo escuchar como se consumía el papel
mientras inspiraba con fuerza, con bronca. Deseando con todas sus fuerzas que
esa fuese la última vez que veía el tabaco convertirse en ceniza.
Tantas veces había visto arder al rojo vivo aquellas hebras que
dejaban sus pulmones cada vez más negros. Tantas veces había visto como se
consumían sin pensar más que en el placer que le provocaban y ahora; lo hacía
casi con asco.
Fumó sola. Pensando. Hacía cálculos idiotas, ¿cuánto gastaba en
puchos por semana? ¿cuántos fumaba por día? Recordó eso que leyó en alguna
revista, que explicaba que al fumar se pierde el sentido del gusto y del
olfato, que se pierde energía, que falta el aire, que los dedos se ponen
amarillos. Ella no quería los dedos amarillos, ya era bastante con el esmalte
saltado.
Cada pitada, cada vez que tragaba el humo pensaba en el deseo de
olvidarse de ese placer, en que no quería sentirse más el aliento a tabaco, en
que no quería disfrutar más como disfrutaba siempre de un cigarillo con un café. Y se
agarró las mangas del pullover mientras se acercaba al cordón de la vereda.
Tenía frío. Apretó los codos contra el cuerpo y con la mano derecha sintió las
costillas de su lado izquierdo mientras que con la otra mantenía el cigarrillo
en alto, cerca de la boca.
Ese último cigarrillo tenía que tener ese destino, debía morir en la vereda. Y ella,
sola. Pensando si realmente debía ser el último. No encontró ni un motivo para
que no lo fuera.
Observó con sus rasgos tan eternos, con aquellas pestañas tan
largas, con esos ojos tan infinitos, capaces de contener alegrías y tristezas,
penas y orgullos, miedos y deseos. Miró como el final de aquel cigarro iba
empequeñeciéndose mientras aspiraba el humo ya solo para terminarlo, sin ganas
de fumar, con nostalgia. Y así, con una mirada que aunque resignada; llena de
valor para el futuro de abstinencia, sonrió para sí misma.
Tantas luchas había vencido, tantas veces logró salir airosa, que
un puto cigarrillo no le iba a ganar. Esa fue su reflexión. Terminó de cerrar
los ojos mientras lento, tiraba hacia atrás su cabeza hasta apuntar con la pera
al cielo y sintió que se llenaba de energía antes de soltar el humo, se llenó de
fuerzas y de ganas de que esa fuera la última vez. Sintió que tibio él, trataba
inútilmente de aferrarse a la garganta, lo expulsó y espero a que se
desvaneciera en el aire esa última bocanada, antes de decirle adiós para
siempre a su adicción. Al humo se lo llevó el viento, el filtro quedó en la calle, apagado, después de haberlo aplastado con sus alpargatas. Ella entró en su casa con una sonrisa tímida. Temerosa. Estaba
contenta, estaba buscando mejorar.



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