6.10.11

Cuidadosamente


Dulvio pasó a buscar a su primito Cirinilo por la casa de la abuela. Aquella tarde el pequeño había estado unas horas con su ella y era tiempo de que regresara a su hogar.
Después de caminar algunos metros Dulvio notó que algo le había molesatdo al niño, que caminaba cabizbajo, hablando poco y pateando las hojas secas que el otoño le regaló a las calles del barrio.
Cirinilo resopló más para que su enojo se parezca al de la gente grande que para aliviar su pequeño momento de impotencia y entonces Dulvio -aquel pelilargo de rulos y patillas que ya era grande aunque muy cómplice y que siempre lo entendía y lo hacía reir- le hizo una mueca, un chiste, una cosquilla y le preguntó por qué estaba así.
El pequeño le comentó entonces una situación que lo llevó a discutir con la abuela. Él estaba intentando alcanzar un adorno que estaba en un estante de un mueble. Subido a un banquito y en puntas de pié, apoyándose con una mano, y con la cara; y con el pecho... creyendo que podía estirarse todavía un poco más. Los dedos lentos se movían para alcanzar un pequeño muñequito, recuerdo de vaya uno a saber que país de Europa, que a él le encantaba y siempre quería usar en sus juegos donde aparecían extraterrestres y superheroes. Ese muñequito dorado era el rey extraterrestre y esta vez iba a participar. Estaba casi rozándolo cuando lo vio la abuela.
Subido en un banquito, en puntas de pié, apoyado contra el mueble con el pecho, y con la cara, y con una mano, estirándose para llegar a alcanzar un frágil souvenir. Enfurecida y asustada lo retó.
Cirinilo contó esto con bronca, casi había alcanzado su objetivo. Concluyó andes de que Dulvio opinara.
- "Que las cosas se rompen, o que se gastan, que hay que tener cuidado, que no las use, ¡pero si las miro nada más me aburro! Además... si yo lo cuido, ¿por qué se va a romper?"-.
Entonces Dulvio, una vez más, entendió que el pequeño y toda su inocencia tenían mucho enseñarle todavía. Se olvidó de decirle que la abuela tenía razón y que era peligroso lo que había hecho. Sacó el teléfono de su bolsillo y sin contestarle todavía al pequeño y con una sonrisa que no siempre tenía y una mirada brillante de recuerdos frescos se decidió a mandar un mensaje...
 "ya sé que nos vimos anoche, ¿pero querés ir al cine mañana?

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