Iba a decir “quizás”; pero no. La palabra justa es “definitivamente”.
Definitivamente me voy a tomar atribuciones que no me corresponden, y una vez más voy a excederme y entrometerme en un tema que no me incumbe.
Hace algunas horas me reencontré con esta historia y desde hace algunos días una historia me ocupa la cabeza. Y porque como Emerio yo creo que las cosas cuando pasan, pasan por algo, decido publicarla esperando que algún día vos la vayas a leer. Y quizás entonces y si así te nace, decidas arrancar tu viaje, lleno de fuerza y vitalidad, sabiendo que ya pasaste malos momentos y saliste airoso. Sabiendo que tenés aguante de sobra. Tengo fé en ello, en tu aguante.
Fuerza enano, fuerza. Ojalá que estos días que hoy son tan eternos mañana sean sólo un mal recuerdo. Ojalá que leas esto con tu vieja a tu costado, y que esté dándote un abrazo bien fuerte. Hoy, fuerza.
“¿Cómo pueden los minutos, las horas y los segundos, ser una medida de tiempo, si son tan eternos en las tristezas y tan pequeños en las alegrías?” Escribía frente al monitor de tubo viejo y sucio, que viraba al magenta y zumbaba. Zumbaba con ese ruido que uno no se da cuenta que está ahí hasta que acaba,
Afuera, los mosquitos y los animales autóctonos de ese lugar con un clima tan húmedo y caluroso, simplemente existían sin que le molestasen, se abstraía en su reflexión, y trataba de incorporar todas las vivencias que el viaje le venía dando,
Mientras tanto escribía pensando en mandar un mail, extrañando su hogar, su cama, sus cosas, su familia y sus amigos. Pensando que tal vez ya era tiempo de volver. Dudaba frente a aquel monitor cuando de repente vió que el messenger le avisaba una nueva conexión. Era su madre, que ansiosa lo saludaba en mayúsculas, estirando la última letra, preguntando cómo estaba y qué eran las fotos que había visto en el facebook,
I entonces él contestó con ganas, sentía el peso de las preguntas tan trilladas pero quería responder. No le explicaría que en realidad no comía bien, que estaba demasiado cansado, ni le iba a habar de la fiebre de la semana pasada,
Lenta, más por miedo que por vergüenza, la madre escribía cuidadosa de la ortografía en esa ventanita que los unía a pesar de las distancias. Le pidió que le pusiera la camara web. En estos meses en los que él había decidido hacer su propio camino ella se había convertido en una experta en messenger y facebook. Así que él puso la cámara sin darse cuenta de que estaba llegando su novia a su costado. Entonces juntos le mostraron la pequeña mascota que adoptaron en el camino, una perrita pequeña de ojos grandes y mirada adorable,
Otra vez ella volvió a sorprenderse, la llenaba de felicidad verlo así. Sonrió... sonreía y miraba que tenía más barba, que tenía menos quilos, recordó que hace algunos meses ella le preparaba el desayuno y le decía que estudiara... ¿¡y ahora él se estaba haciendo cargo de un perro que encontró en la calle!? No lo podía creer.
Él volvió a repetirle que estaba todo bien, y le dijo que la extrañaba; aunque no le dijo realmente cuanto. Le contó que Ecuador era muy lindo y que quería seguir conociendo América. Ella sonreía. Le repitió que lo querían, que lo extrañaban, pero ella no le dijo que quería que volviese, aunque le preguntó cuándo pensaba hacerlo. Le pidió que se cuidara mucho y que comiese bien. Le preguntó de nuevo cómo la estaba pasando. Con todo el corazón deseaba tenerlo cerca y se le inundaban los ojos de lágrimas entendiendo que él no quería volver. Por suerte la cámarita web eso no lo mostraba. Entendía que ya era un adulto y era el momento de dejarlo vivir sus propias experiencias.
Definitivamente me voy a tomar atribuciones que no me corresponden, y una vez más voy a excederme y entrometerme en un tema que no me incumbe.
Hace algunas horas me reencontré con esta historia y desde hace algunos días una historia me ocupa la cabeza. Y porque como Emerio yo creo que las cosas cuando pasan, pasan por algo, decido publicarla esperando que algún día vos la vayas a leer. Y quizás entonces y si así te nace, decidas arrancar tu viaje, lleno de fuerza y vitalidad, sabiendo que ya pasaste malos momentos y saliste airoso. Sabiendo que tenés aguante de sobra. Tengo fé en ello, en tu aguante.
Fuerza enano, fuerza. Ojalá que estos días que hoy son tan eternos mañana sean sólo un mal recuerdo. Ojalá que leas esto con tu vieja a tu costado, y que esté dándote un abrazo bien fuerte. Hoy, fuerza.
“¿Cómo pueden los minutos, las horas y los segundos, ser una medida de tiempo, si son tan eternos en las tristezas y tan pequeños en las alegrías?” Escribía frente al monitor de tubo viejo y sucio, que viraba al magenta y zumbaba. Zumbaba con ese ruido que uno no se da cuenta que está ahí hasta que acaba,
Afuera, los mosquitos y los animales autóctonos de ese lugar con un clima tan húmedo y caluroso, simplemente existían sin que le molestasen, se abstraía en su reflexión, y trataba de incorporar todas las vivencias que el viaje le venía dando,
Mientras tanto escribía pensando en mandar un mail, extrañando su hogar, su cama, sus cosas, su familia y sus amigos. Pensando que tal vez ya era tiempo de volver. Dudaba frente a aquel monitor cuando de repente vió que el messenger le avisaba una nueva conexión. Era su madre, que ansiosa lo saludaba en mayúsculas, estirando la última letra, preguntando cómo estaba y qué eran las fotos que había visto en el facebook,
I entonces él contestó con ganas, sentía el peso de las preguntas tan trilladas pero quería responder. No le explicaría que en realidad no comía bien, que estaba demasiado cansado, ni le iba a habar de la fiebre de la semana pasada,
Lenta, más por miedo que por vergüenza, la madre escribía cuidadosa de la ortografía en esa ventanita que los unía a pesar de las distancias. Le pidió que le pusiera la camara web. En estos meses en los que él había decidido hacer su propio camino ella se había convertido en una experta en messenger y facebook. Así que él puso la cámara sin darse cuenta de que estaba llegando su novia a su costado. Entonces juntos le mostraron la pequeña mascota que adoptaron en el camino, una perrita pequeña de ojos grandes y mirada adorable,
Otra vez ella volvió a sorprenderse, la llenaba de felicidad verlo así. Sonrió... sonreía y miraba que tenía más barba, que tenía menos quilos, recordó que hace algunos meses ella le preparaba el desayuno y le decía que estudiara... ¿¡y ahora él se estaba haciendo cargo de un perro que encontró en la calle!? No lo podía creer.
Él volvió a repetirle que estaba todo bien, y le dijo que la extrañaba; aunque no le dijo realmente cuanto. Le contó que Ecuador era muy lindo y que quería seguir conociendo América. Ella sonreía. Le repitió que lo querían, que lo extrañaban, pero ella no le dijo que quería que volviese, aunque le preguntó cuándo pensaba hacerlo. Le pidió que se cuidara mucho y que comiese bien. Le preguntó de nuevo cómo la estaba pasando. Con todo el corazón deseaba tenerlo cerca y se le inundaban los ojos de lágrimas entendiendo que él no quería volver. Por suerte la cámarita web eso no lo mostraba. Entendía que ya era un adulto y era el momento de dejarlo vivir sus propias experiencias.
Él no entendía cómo el tiempo puede ser una medida, cuando para él los tres meses desde su partida no parecían ni dos semanas y para su madre había transcurrido una eternidad.



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