11.12.11

Saliva negra.


Salió y escupió negro. Los restos de la remera que se había colocado como máscara le colgaban del cuello.  Vestido con una malla vieja y unas zapatillas gastadas. Se detuvo un instante. Apoyó las manos en las rodillas a punto de vencerse y con energía que quién sabe de dónde sacó se sostuvo en pie.
El cuello casi sin fuerza para sostener la cabeza erguida. Se le arqueaba la espalda y le dolían los pulmones. Le temblaban las manos de tanta adrenalina que le corría en la sangre y apenas era capaz de mantener tensión en sus articulaciones para no caer en el suelo como si fuese un muñeco de trapo. Los ojos abiertos y sin parpadear, las pupilas dilatadas, la garganta seca y el sabor a azufre y fuego en la boca.
Todavía no se daba cuenta de los gritos que trataban unos de ser más fuertes que los otros, de las corridas de la gente desorganizada que en medio de los tumultos trataba de ayudar desordenada. De los llantos desesperados de gente que no sabía que hacer.
A él le ardían los ojos, los cerró, se los refregó un poco y se desanudó esa improvisada máscara que había hecho de su remera y se detuvo por un momento. Comenzó a ver los rostros de la tristeza impotente. Las reacciones del temor y la fuerza de la desesperación llorando.
Los cuerpos adolescentes comenzaban a amontonarse en la vereda.
Respiró profundo, no entendía como todo eso podía ser tan real, cuanto tiempo había pasado. Cómo llegó a esa situación. Respiró profundo. Los ojos dejaron de arder, sintió una arcada, un mal sabor de boca y escupió. Negro. Espeso. Eran mil demonios que estaba extirpando de sus vísceras. Escupió tan negro y tan espeso que eran todos los temores que tenía ahí adentro. Bilis, saliva y mierda asesina que intentaba aferrarse a sus tripas para desgarrarle la vida. Escupió.
Se dio cuenta de que estaba solo. En comunión con miles de almas que trataban de ayudar desde donde su valor se los permitía. Pero tan solo en sus intentos de ayuda como todos los demás. Incluso aquellos que formaban una cadena humana para evitar que los curiosos se mezclen y molesten. Era una cadena de soledades que trataban de unirse para rescatar aunque más no sea un alma más.
Se dio cuenta de que había sacado a una persona de aquel infierno y no sabía si estaba viva o muerta, que la había dejado con un montón de personas más y que algunos le tiraban aire y gritaban implorando que aparezcan médicos, y que lloraban pidiéndole a los cielos que esa situación fuera una pesadilla. Era irreal y palpable, era tan cierto como increíble.
Se había alejado para respirar un poco y el cansancio se le trepó en la espalda y lo hizo temblar. Ahora miraba ese paisaje que era igual a un campo de batalla lleno de vencidos destrozados tratando de no haber sido tan vencidos.
Él no pensaba ser la excepción, se volvió a poner esa máscara tan improvisada; tragó saliva negra y espesa y dejó las lágrimas para otro momento. Se metió de nuevo y al trote en ese oscuro agujero negro que era la entrada. Se metió en la garganta misma de Satanás a sacarle lo que no le pertenecía, a pelear por una vida más.
Por lo que pasó esa noche se murieron 194 personas. Esa noche en la que el calor pesaba sobre las espaldas y la humedad hacía que el cansancio fuese cien veces más cansancio reinara en el aire. El infierno abrió una puerta y mil demonios entraron a llevarse prisioneros.
Quienes lo vieron por televisión, los que siguieron la tragedia por los diarios y esos a los que la historia se la contaron se lamentan, y afirman que los sobrevivientes, los que salieron del estómago mismo de la muerte, aquella noche volvieron a nacer. Ellos, las víctimas que escupieron negro, saben que en realidad ese día nada pudo haber nacido y un poco de ellos se murió ahí adentro.

1 Opinaciones:

discount Beats By Dre dijo...

Debido a que no ha sido Monster Beats
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